Después de bastante tiempo con esto parado - más por olvidar la cámara que por falta de actividad (que también, para que negarlo) - hemos decidido retomar el asunto con un algo diferente: nos vamos de barrancos.
Y que mejor para empezar que el del Arroyo de la Dehesa, conocido descenso de la serranía de Cuenca. El día, la fiesta del Corpus y primer error de cálculo (para no variar, tenemos que demostrar que no somos perfectos); nos metemos de cabeza en la carretera de Valencia en plena operación salida del puente y desayunamos con un atasco de los profesionales y una hora de retraso sobre el horario previsto. Pero - a cambio - una vez llegados a nuestro destino, recuperamos buena parte del tiempo perdido. Gracias a la furgoneta de una agencia que por allí andaba con sus clientes, nos ahorramos la pateada (y la calorina) hasta la cabecera.
Después de un buen rato de contorsionismos para meternos en nuestros neoprenos, empezamos el viaje. Recorremos diferentes pasos estrechos y algún que otro destrepe hasta empezar con los rápeles más interesantes. Vamos rápidos, se nota que hay poca gente en el recorrido, y nos podemos recrear sacando fotos como posesos (cosas de la fotografía digital).
Sin darnos cuenta casi y entre charlas y risas varias, llegamos al final. Ya en el coche el estómago nos avisa de que tenemos más hambre que Dios talento. Nos invitamos a unas raciones en el cámping próximo y para casita.
Esperemos que la próxima crónica la contemos antes de jubilarnos. Hasta entonces, sed buenos.
Hola nen! Ya veo que te pones en remojo como los garbanzos cuando llega la caló. Haces bien. Yo es que soy más de secano, ya sabes :)
ResponderSuprimirPor cierto, me dijo el euskaldunberri que estabas currando de lo tuyo, pues me alegro un montón si es así, que ya tocaba.
Un abrazo!
Joaquín