
Vamos con la segunda.
Nos ha dado por madrugar, por eso de que no nos diera "la caló". Pero todo se puso en nuestra contra. La idea era subir a la Cueva de la Mora (la Pedri, para los no iniciados), pero a la que íbamos, nos comimos el atasco de todos esos madrileños amantes del trabajo, sus empresas y - sobre todo - de sus coches.
El atasco tiene algo muy malo: te da tiempo para pensar. Y como somos muy perros pues nos dió por pensar en el cuestarrón que nos esperaba, en que nos iba a dar el sol subiendo y - peor aun - bajando, ... Vamos, que encontramos las excusas perfectas.

La cosa estaba en donde ir: sin cuestas, cerca del coche, a la sombra... ¡PATONES! Y hala, dicho y hecho. Y sin guía. Bueno, si, la de la Pedriza pero solo para hacer bulto. Hay que entrenar aunque seamos bordilleros.
Aterrizamos en el sector "Cielo líquido" (o eso creemos) y empieza la fiesta. ¿Esta vía de que sale? Ni p#&@ idea, tu dale y calla.
Después de una primera ristra de "lo que sea +" nos vamos a otro sector o zona o lado y le damos a alguna cosa que catalogamos de horroroso y horroroso superior (según la escala perrunobordillera), saliendo más o menos indemnes, la moral por los suelos y los antebrazos empopeyaos.

Los primeros auxilios nos los proporcionaron un par de kebabs que no se los saltaba un derviche y ya nos pusimos a pensar en el próximo viaje, esta vez si, a la Pedri.
Eso si el atasco no nos convence otra vez de lo contrario, claro.
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