viernes 11 de septiembre de 2009

Haciendo honor al nombre




Vamos con la segunda.

Nos ha dado por madrugar, por eso de que no nos diera "la caló". Pero todo se puso en nuestra contra. La idea era subir a la Cueva de la Mora (la Pedri, para los no iniciados), pero a la que íbamos, nos comimos
el atasco de todos esos madrileños amantes del trabajo, sus empresas y - sobre todo - de sus coches.

El atasco tiene algo muy malo: te da tiempo para pensar. Y como somos muy perros pues nos dió por pensar en el cuestarrón que nos esperaba, en que nos iba a dar el sol subiendo y - peor aun - bajando, ... Vamos, que encontramos las excusas perfectas.

La cosa estaba en donde ir: sin cuestas, cerca del coche, a la sombra... ¡PATONES! Y hala, dicho y hecho. Y sin guía. Bueno, si, la de la Pedriza pero solo para hacer bulto. Hay que entrenar aunque seamos bordilleros.

Aterrizamos en el sector "Cielo líquido" (o eso creemos) y empieza la fiesta. ¿Esta vía de que sale? Ni p#&@ idea, tu dale y calla.

Después de una primera ristra de "lo que sea +" nos vamos a otro sector o zona o lado y le damos a alguna cosa que catalogamos de horroroso y horroroso superior (según la escala perrunobordillera), saliendo más o menos indemnes, la moral por los suelos y los antebrazos empopeyaos.

Los primeros auxilios nos los proporcionaron un par de kebabs que no se los saltaba un derviche y ya nos pusimos a pensar en el próximo viaje, esta vez si, a la Pedri.

Eso si el atasco no nos convence otra vez de lo contrario, claro.

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