Por eso hemos vuelto a coger los trastos de barranquear y nos plantamos en Cuenca de nuevo. Está cerquita para ir y volver en el día y eso nos dejará tiempo para hacer lo que más nos gusta: comer después.
En esta ocasión no nos zampamos ningún atasco y llegamos a la central eléctrica del Infiernillo, nuestro punto de salida. Eso sí, después de recorrer la pista de acceso, no me va a quedar más remedio que lavar el coche muy, muy a fondo.
Echamos a andar con todos los trastos a la espalda y nos vamos de excursión . El calor ya empieza a apretar y, sin demasiadas equivocaciones, llegamos al cauce del río. Nos ponemos las "gomas" y ¡al ataque! El agua está fresquita y limpia, lo que se agradece después de la caminata.
Vamos superando los rápeles poco a poco mientras disfrutamos de un paisaje selvático y en ocasiones encajado. Y lo mejor de todo, no encontramos a nadie en todo el recorrido, lo que nos permite acabar el recorrido en pocas horas.
Y como todas las cosas tienen que acabar, nosotros lo hacemos como siempre, delante de un buen menú del día. Era de esperar...







